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Semana #5


Fig. 1, 2 - La tormenta tropical del huracán Matthew en Islas del Rosario

Vientos fuertes, mucha lluvia, olas golpeando las costas, así es como comenzó el fin de semana para mí en las Islas del Rosario. El huracán Matthew golpeó con fuerza varias partes de la Guajira, y se movió con fuertes lluvias a través de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena, incluyendo las Islas. Por suerte, el viernes pasamos todo el día en el mar, tanto en el Observatorio como en aguas abiertas haciendo freediving y buceando para terminar de transplantar los corales Acropora cervicornis. Así que, aunque estuvimos fuera del agua el fin de semana, nos mojamos a causa de la las intensas lluvias. Llovió a cántaros todo el domingo, cuando el coletazo del huracán alcanzó las islas, dejando a su paso un montón de charcos y erosión de la costa afectando algunas propiedades.

Adrian Devia, biólogo responsable de la restauración de corales en el Oceanario, fue requerido en el laboratorio para asegurarse de que las cosas no se mojaran. El problema fue que nos estábamos quedando en Palmar, Isla Grande, teníamos que coger una lancha hacia el Oceanario que normalmente se tarda 10 minutos en llegar si las condiciones climáticas son buenas, más no durante la tormenta tropical. Nos alistamos y caminamos por el bosque de la isla hacia el punto de encuentro. Camila, una estudiante de ecología de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y yo estábamos vistiendo nuestros trajes de buceo para intentar protegernos de la lluvia. La lancha del Oceanario no llegó…. Y continuábamos allí… esperando… esperando… esperando… al fin la tortuosa espera terminó a las 3 horas, cuando habíamos tenido suficiente de tener frío, hambre y teníamos mucho cansancio y malhumor. Creo que cuando se vive en la isla nunca se sabe que va a pasar, hay que esperar cualquier cosa.

Fig. 3,4 - Larga espera para el viaje en la lancha que nunca llegó, Camila, Adrian y Jana

El huracán Matthew se trasladó el lunes hacia el norte, y nos dejó con un mar revuelto pero con un día asoleado. Volvió a ser una isla calurosa y húmeda. Me quedé pensando en las personas de Jamaica, Haití y Bahamas, lugares que están en la ruta del huracán. Adriana se fue en la mañana a trabajar en un proyecto que tiene en el Pacífico; Camila y yo nos quedamos en el laboratorio. Como todas las mañanas Camila continuó en sus tareas diarias en el manejo de los cultivos de rotíferos para la alimentación de las larvas de los futuros meros. Después de nuestra experiencia en el viaje desde Palmar al Oceanario con el oleaje, evalué mi situación y decidí quedarme un día más en las islas para ver si el mar se calmaba para tener un regreso seguro a Cartagena. Mejor! Más tiempo para pasar con Osito, nuestro querido amigo, y mi cachorrito Patán.

Fig. 5 - Cuando el sol volvió el lunes

6: Camila “disfrutando” sus tareas diarias con rotíferos

Mientras tanto, el martes, Alex, Adriana, Olivia y Yanelci asistieron a la reunión oficial con Gabriel, en la cual se habló de algunos detalles sobre los proyectos con las comunidades y varias tareas nuevas para nosotras. En octubre 21 y 22, la Universidad de Cartagena se llevará a cabo una convención científica en la que vamos a participar con nuestro proyecto: Pescando para la Vida, con una presentación oral y un póster. Por lo tanto, en estos días (martes, jueves) estábamos trabajando para la realización del producto final. A pesar de que Laura está lejos de Bogotá, ocupada con las clases de su maestría, hizo un gran trabajo en contribuir y dar forma a nuestro póster. Muchas gracias a Laura.

7: Tomando fotos con mis compañeros: Camila, Robin

y el perro de Oceanario, “Oso”

Por supuesto, nos encontramos sentadas en frente de nuestros computadores, trabajando mucho en nuestros proyectos personales y de las comunidades, mejorando las secciones de las propuestas, desarrollando la metodología, estando en contacto con los supervisores. Por lo tanto, a veces es bueno oxigenarse y realizar otras actividades. Todos los días, vamos a caminar a través del barrio Manga, donde se llega a un malecón, que es una pequeña explanada al lado del mar interno de la bahía de Cartagena, al frente de Bocagrande. Siempre nos sentamos en la muralla, que forma parte del centro histórico de Cartagena y observamos la belleza de los atardeceres caribeños.


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